Primero que todos los idiotas que conozco de esa extinta red social de mala muerte vienen a joder, con sus comentarios desde la antigua grecia antigua sobre esta fan gadorcha, solo quieren fastidiar. En segundo lugar, y refiriéndome al ventilador, este ventilador de 12” en particular es la peor basura que puede haber. Ni lo compréis, un abanico hecho con hojas secas de otoño ventila más que este intento fallido de abanico. No obstante su hermano mayor de 20” (que la empresa me cambió pagando la diferencia sin pensarlo dos veces, un 10 para ellos), si dispara decentemente, una gran racha preponderante de las estepas del Himalaya. Sin embargo, si al final te gustó tanto la versión de 20′, ¿por qué el odio? bueno, el odio es solo contra la marca de este fanático. Tiene 4 fallas horribles en comparación con su competencia magiclick (que yo también tengo). La primera es que camina solo. La competencia no camina sola. Lo apoyas lo más posible en el suelo y empieza a moverse y se mueve completamente en ángulo. Eso se debe a las piernas aparentemente, que piernas de la competencia son mucho mejores (punto 2). El tercer punto es que dispara mas que el otro, un poco pero dispara un poco mas y se supone que son del mismo calibre. Finalmente, el cuarto punto, este es daño/beneficio, pero la latitud cuadrática se desalinea muy fácilmente, es decir, solo sube o baja la esfera cósmica que arroja el viento, teniendo que ajustar las manijas cada cierto tiempo. En magik click tienes que desarmarlo, no aquí. Pero aquí sucede a menudo.
Debo confesar que compré el producto sin demasiadas expectativas, y porque era el más barato dentro de los precios desorbitados del mercado de ventiladores. Mi mala experiencia, incluso antes de probar el zephyr que desprendía sus cinco pequeñas aspas de plástico, no presagiaba el desenlace del futuro. Todo comenzó cuando lo saqué de su caja, lo enchufé y lo puse en primera. Realmente después de unos segundos confirmé que la brisa mística de los dioses griegos existía. Cerrando los ojos pude apreciar la suave brisa en forma de torbellino que se elevaba desde los profundos valles del monte Olimpo. Movido por el enriquecimiento de mi experiencia, me atreví a poner el ventilador en su segunda velocidad. Automáticamente me vi en aquella mañana en que Aquiles vagaba con su andar ligero por el desierto y una brisa revitalizante hinchaba su pecho impasible en anticipación de la victoria en Troya. Atónito, ya con cierto miedo vivencial de lo que podría llegar a ser la tercera velocidad de este pequeño turbo, sin pensarlo demasiado, decidí ponerlo en su siguiente velocidad. Mi casa se convirtió en el paraíso del Edén, recreando el momento mitológico en que, por un soplo divino, Dios creó al hombre. Podía sentir ese mismo soplo creativo de vida que envolvía todo mi cuerpo y al respirar sentía la pureza del aire, renovándolo y mejorando mi capacidad alveolar. Así que, en mi humilde opinión, creo que cumple con creces su función.
Producto excelente. Mi felicidad al enchufarlo sólo era comparable a la del hombre que, perdido y agonizante en el desierto, encuentra un oasis paradisíaco donde se bañan las musas. De repente uno se siente arrastrado en cuerpo y alma a un estado de completa felicidad similar al que sentimos en el suave vientre materno donde, protegidos y acunados, libres de la conciencia del calor que sufren los que ya han nacido y de la agotadora certeza de los que se pasan la vida sin ventiladores, eso sí, en ese estado de perfección placentaria donde las temperaturas son perfectas y sólo se puede soñar con cosas buenas y el futuro se despliega ante nosotros con dicha; es en ese estado donde, de rodillas y con lágrimas en los ojos, me encontré frente a este pequeño pero maravilloso artefacto que tuve el honor de comprar. Ya lo he incluido en mi testamento y espero que mis hijos lo utilicen y se transmita de generación en generación para siempre hasta que el plástico sublime que compone sus elementos se reduzca al polvo más fino que, volando más allá de este mundo, se mezcle. con el de las eternas y luminosas estrellas que nos iluminan cada noche recordándonos la importancia de, en esta corta vida, disfrutar de ciertos lujos como el de no pasar tanto calor. Lo recomiendo.














