La inteligencia artificial en medicina ya es parte del presente
Llegar a una consulta médica y encontrar que las herramientas más avanzadas de diagnóstico no son utilizadas es cada vez más una excepcionalidad. La inteligencia artificial (IA), que solía pertenecer al reino de la ciencia ficción, es ahora una realidad palpable y significativa en el campo de la salud. Un indicativo contundente de esta transformación es la reciente aprobación de más de 1.000 dispositivos médicos habilitados con IA por la FDA de Estados Unidos.
Según Troy Tazbaz, director del Centro de Excelencia en Salud Digital de la FDA, estos dispositivos son herramientas aprobadas y listas para usarse en hospitales y consultorios de todo el mundo. “La FDA ha autorizado más de 1.000 dispositivos habilitados con IA a través de vías de comercialización previa establecidas”, comentó Tazbaz, destacando el impacto creciente de esta tecnología.
De la inteligencia artificial a la inteligencia aumentada
En medicina, el término no es solo “inteligencia artificial”. La Asociación Médica Americana (AMA) prefiere hablar de “inteligencia aumentada”, un concepto que subraya la sinergia entre las capacidades humanas y tecnológicas. Un médico, asistido por IA, puede mejorar la precisión diagnóstica y reducir errores, ofreciendo así un tratamiento más personalizado.
Por ejemplo, un radiólogo utilizando IA puede detectar tumores microscópicos que, de otra manera, pasarían desapercibidos. Este enfoque no es una sustitución de los profesionales de la salud, sino una potenciación de sus habilidades.
Educación médica en evolución
A pesar del rápido avance tecnológico, la educación médica tradicional ha mostrado signos de desaceleración para adaptarse. Sin embargo, instituciones como la Universidad de Stanford y Harvard están ofreciendo programas especializados en IA para el sector salud. En Argentina, el Instituto Universitario CEMIC fue pionero al establecer una cátedra de inteligencia artificial aplicada a la medicina en 2020, incentivando a otras instituciones como la Universidad Austral a seguir este camino.
Además, Argentina ha dado un paso importante al integrar la materia “inteligencia artificial” en el currículo de todos sus colegios primarios y secundarios, uniéndose a un selecto grupo de países que apuesta por esta educación desde temprano.
Adaptarse o quedarse atrás
La importancia de utilizar IA en la práctica médica habitual es innegable. Algunas especialidades, como la radiología y la cardiología, han adoptado estos avances con más rapidez. Un cardiólogo que decida no utilizar algoritmos de IA para analizar electrocardiogramas podría estar dejando de lado una herramienta crítica que realza la precisión de los diagnósticos.
En poco tiempo, podría considerarse mala praxis no emplear IA en la atención médica, tal como ocurrió históricamente con la adopción de nuevas tecnologías que ofrecían claras ventajas.
Un nuevo estándar global
La FDA no está sola en esta carrera. Autoridades como la Agencia Europea de Medicamentos y Health Canada han comenzado a estructurar regulaciones para incorporar de forma segura estas tecnologías en sus sistemas de salud. Hospitales líderes a nivel mundial ya integran la IA en su rutina diaria, desde unidades de cuidados intensivos hasta la dosificación de medicamentos.
Para pacientes y profesionales de la salud, la integración de la IA no es solo una oportunidad. Se convierte en una responsabilidad saber y preguntar cómo estas herramientas están siendo utilizadas en nuestras consultas médicas. Es esencial que la educación en IA forme parte del núcleo en la formación médica.
El presente ya no permite demoras: el estándar de atención médica actual combina inteligencia médica con inteligencia artificial para convertirse en inteligencia aumentada. De cara a un futuro que avanza a pasos firmes, no podemos darnos el lujo de quedarnos atrás.
















